Otro Ritmo de Vida
9, 07 de 2006-02-07 de 2006
Recordáis esos anuncios de Malibú donde se veían a esos cómicos personajes diciendo aquello de "Me estas stresaaaando" ?
Bueno pues la realidad no está muy lejos de esa pequeña ficción.
Aquí la vida transcurre a otro ritmo, sigue otras reglas y yo creo que es mejor acostumbrarse a ellas lo antes posible, sobre todo si os habéis criado en una ciudad como Madrid, donde la gente prácticamente corre por las calles de un lado a otro.
Uno lo puede notar desde el momento que atraviesa la cola de inmigración, en general una actitud de 0 stress del personal de inmigración (con el cual recomiendo tener paciencia y ser amables si no queréis que os revisen la maleta de arriba a abajo), las señoritas de información o el personal encargado del alquiler de coches.
Cuando pasen los minutos sin que seáis atendidos mientras veis como el empleado charla alegremente con algún compañero o algún otro cliente, no os deis por ofendidos, simplemente es su manera de ser.
El tiempo realmente parece importar muy poco en este rincón del mundo, al menos en ciertas situaciones, porque un Panameño al volante realmente se transforma.
(Si tenéis un corazón fuerte y os gustan las emociones, montaros en uno de los taxis locales. Yo lo definiría como lo más parecido a ir de copiloto en una cabina de un avión kamikaze de la segunda guerra mundial.)
Pero fuera del tráfico el panameño en general es bastante despreocupado, amable (salvo que topéis con algún maleante o antisocial) y tranquilo.
En más de una ocasión he entrado en alguna tienda de ropa con mi novia y mientras ella se probaba sus cosas, he terminado contando la mitad de mi vida y escuchando los cuentos del vendedor de turno.
Tienen una habilidad para la conversación increíble, claro que cuando piensas que mientras te están hablando tienen gente esperando en la cola para pagar o para ser atendidos pues....
Al principio (con mi mentalidad madrileña) me iba de los sitios sin mi compra porque me indignaba esperar 5 minutos a que la cajera dejara de rascarse el... terminara sus asuntos con sus compañeras, para venir a atenderme, ante la mirada horrorizada y escandalizada de todo el mundo, pero poco a poco uno se acostumbra a todo y el ritmo del trópico va calando en uno.
Ya no me estreso ni me impaciento, acabo por mentalizarme que una tarea como por ejemplo, comprar una camisa puede llevarte de media hora a una hora, dependiendo de la cantidad de clientes, la buena o mala conversación de los mismos y el si está cerca el encargado o no.
¿Esto es bueno o malo? Pues no sabría decirlo, sólo se que no hecho de menos el continuo estrés de Madrid, el ir casi corriendo por las calles pendiente de fichar a tiempo, esquivando empujones en el metro o en la calle.
En vez de eso prefiero ir a la palya :D
Bueno pues la realidad no está muy lejos de esa pequeña ficción.
Aquí la vida transcurre a otro ritmo, sigue otras reglas y yo creo que es mejor acostumbrarse a ellas lo antes posible, sobre todo si os habéis criado en una ciudad como Madrid, donde la gente prácticamente corre por las calles de un lado a otro.
Uno lo puede notar desde el momento que atraviesa la cola de inmigración, en general una actitud de 0 stress del personal de inmigración (con el cual recomiendo tener paciencia y ser amables si no queréis que os revisen la maleta de arriba a abajo), las señoritas de información o el personal encargado del alquiler de coches.
Cuando pasen los minutos sin que seáis atendidos mientras veis como el empleado charla alegremente con algún compañero o algún otro cliente, no os deis por ofendidos, simplemente es su manera de ser.
El tiempo realmente parece importar muy poco en este rincón del mundo, al menos en ciertas situaciones, porque un Panameño al volante realmente se transforma.
(Si tenéis un corazón fuerte y os gustan las emociones, montaros en uno de los taxis locales. Yo lo definiría como lo más parecido a ir de copiloto en una cabina de un avión kamikaze de la segunda guerra mundial.)
Pero fuera del tráfico el panameño en general es bastante despreocupado, amable (salvo que topéis con algún maleante o antisocial) y tranquilo.
En más de una ocasión he entrado en alguna tienda de ropa con mi novia y mientras ella se probaba sus cosas, he terminado contando la mitad de mi vida y escuchando los cuentos del vendedor de turno.
Tienen una habilidad para la conversación increíble, claro que cuando piensas que mientras te están hablando tienen gente esperando en la cola para pagar o para ser atendidos pues....
Al principio (con mi mentalidad madrileña) me iba de los sitios sin mi compra porque me indignaba esperar 5 minutos a que la cajera dejara de rascarse el... terminara sus asuntos con sus compañeras, para venir a atenderme, ante la mirada horrorizada y escandalizada de todo el mundo, pero poco a poco uno se acostumbra a todo y el ritmo del trópico va calando en uno.
Ya no me estreso ni me impaciento, acabo por mentalizarme que una tarea como por ejemplo, comprar una camisa puede llevarte de media hora a una hora, dependiendo de la cantidad de clientes, la buena o mala conversación de los mismos y el si está cerca el encargado o no.
¿Esto es bueno o malo? Pues no sabría decirlo, sólo se que no hecho de menos el continuo estrés de Madrid, el ir casi corriendo por las calles pendiente de fichar a tiempo, esquivando empujones en el metro o en la calle.

En vez de eso prefiero ir a la palya :D


